Ayer me decía un cliente que se sentia como si estuviera en un barco amarrado en el puerto y él escondido en la sala de máquinas.
Según mi punto de vista si vivo mi vida amarrado de alguna forma estoy siendo muy , pero que muy egoísta.
Me pasó algo parecido hace unos días…Asistí a un retiro en una Masía cerca de Sitges. Llegué el primero a la Masía y la líder del programa me invitó a que eligiera la habitación que quisiera… Después de mirar las lujosas habitaciones del complejo elegí la habitación más sencilla, la máscutre…estaba como mi cliente en la «sala de máquinas».

Cuando fueron llegando el resto de compañeros uno de ellos (el último en llegar) se hospedó conmigo en la habitación, sí en esa, en la más sencilla de las habitaciones de la Masía.
Pasadas unas horas empecé a arrepentirme de mi elección, de haber elegido como mi cliente,..de haber elegido esconderme.
Lo comenté en abierto con mis compañeros de programa y me encantó lo que me dijo la líder: «Si eliges en pequeño fíjate lo que sucede, arrastras a los demás donde tú estas.»
Es por esto por lo que digo que, si vives amarrado y sin permitirte brillar estás siendo egoísta, porque los demás no podrán disfrutar de todo lo que tienes, de todo lo que vales.
Cuando detectes ese impulso que viene del corazón y sientas ese miedo…Es por ahí…Ese es el camino 🙂
Este texto viene de ese impulso y de ese miedo a pensar si te gustará lo que lees o no, pero si has llegado hasta aquí, ya lo has leído.
Permítete brillar y tu luz dará luz a los demás.